ARQ. SANABRA: Nuestras ciudades… Otra mirada necesaria
Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Nos hemos acostumbrado a entender que la ciudad es eso que se encuentra entre el cartel de “zona urbana” y el cartel de “fin de zona urbana”, conformado por edificios y calles con una administración común, donde las distancias se miden en cuadras y el tiempo en minutos de traslado entre 2 puntos de interés.
Pero…la ciudad actual entendida desde su funcionamiento real ya no es más esa porción de territorio ubicado entre ambos carteles.
Ahora la distancia no se mide más en cuadras o kilómetros sino en conectividad digital y logística. El tiempo que importa ahora es el “real”, el marcado por la instantaneidad de las acciones y las decisiones. El espacio que importa es el virtual y no el geográfico.
En este contexto la ciudad no termina ni empieza en un cartel de “zona urbana”
¿Hasta dónde se extienden nuestras ciudades?
Hasta donde alcanzan las redes de intercambio de sus relaciones, siempre dinámicas, siempre cambiantes:
- de sus actividades económicas,
- de sus empresas industriales, de servicio y comerciales,
- con sus proveedores de las materias primas para la producción,
- con sus destinatarios de sus productos terminados.
- Y también las que generan sus actividades sociales y culturales.
Sin embargo, la ciudad sigue siendo un enclave físico en un territorio determinado, donde se asientan procesos productivos y servicios que generan riqueza y empleo.
Esta situación dual de la ciudad –la del enclave en un territorio geográfico definido y la de redes que extienden su influencia a una escala global- constituye la nueva caracterización de la ciudad.
Pero, las herramientas TRADICIONALES de la planificación que disponemos en nuestras ciudades fueron pensadas con la lógica de la ciudad tradicional y frente a la nueva caracterización de la ciudad esas herramientas resultan inapropiadas.
Es urgente encontrar otras herramientas que atiendan la nueva caracterización de las ciudades que habitamos y nos brinden la oportunidad de imaginar una ciudad anhelada y ajustar los comportamientos de sus habitantes para alcanzarla en un tiempo determinado en un contexto de economía global como el que vivimos.
