ARQ. SANABRA: Ciudades y proyectos de vida. ¿Quienes los definen?
Las ciudades no esperan: por qué definen nuestro proyecto de vida
Por Arqutecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
La gente no vive solo en edificios. Vive en ciudades. Nuestro entorno es urbano, dinámico y cambia permanentemente. Cada día, cientos de vecinos toman decisiones que mejoran o deterioran ese escenario donde se desarrolla nuestra existencia.
Cada habitante lleva adelante las acciones que le señala su propio proyecto de vida. Al mismo tiempo, esas decisiones se superponen con las de muchos otros vecinos. La sumatoria de todas esas acciones individuales da como resultado un determinado tipo de ciudad.
Es lógico: cada vecino aspira a elevar su calidad de vida e incrementar sus posibilidades de desarrollo humano y económico. La pregunta clave es cómo se coordinan esas aspiraciones.
Dos caminos: el consenso virtuoso vs. el autobombo mediático
Dependiendo de cómo se gestionen esos intereses, nos encontramos ante dos realidades urbanas opuestas:
- La ciudad planificada: Se logra si los actores de la ciudad alcanzan un acuerdo básico mediante un consenso virtuoso y creativo, invirtiendo recursos humanos con rigor y honestidad profesional.
- La ciudad precaria: Surge cuando las acciones son erráticas, sin rumbo y contradictorias. Se caracteriza por anuncios que se renuevan cada día y suele aparecer en los medios tradicionales con discursos de alabanza y autobombo.
Certidumbre o precariedad: el impacto en tu día a día
Esta diferencia no es teórica; impacta directamente en tu realidad. En una ciudad planificada, nuestra vida tiene las certidumbres fundamentales para concretar metas. En una ciudad precaria, nuestra cotidianidad se vuelve igual de precaria y el futuro se vuelve incierto.
Esto es así porque la ciudad siempre es una continuación de nuestras vidas. Al mismo tiempo, nuestras vidas son una continuación de la ciudad que habitamos.
Por lo tanto, vivir en un entorno planificado no es una cuestión menor para nuestro futuro ni para el de la comunidad de la cual formamos parte.
El desafío del presente
La ciudad no para y no espera. El desafío urgente es asumir el compromiso de pensar el entorno y actuar en consecuencia, con rigor y honestidad.
No perdamos de vista nunca una verdad fundamental: las ciudades son de sus habitantes y no de los administradores de turno, más popularmente conocidos como los políticos.
