ARQ. SANABRA: Una urgencia impostergable
Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
La arquitectura y el urbanismo están indisolublemente unidos desde el origen de los tiempos. Ya en los primeros tratados de la antigüedad, la planificación de las ciudades se incluía como un capítulo fundamental de la profesión.
La clave de esta unión histórica es muy simple: la necesidad absoluta de un proyecto previo. En ambos campos, la elaboración del plano es el pilar básico. A nadie en su sano juicio se le ocurriría construir sin una guía detallada.
Imaginemos por un momento qué surgiría de levantar una vivienda o un edificio sin planos. Un proceso guiado por impulsos aislados y sucesivos, con cambios periódicos de opinión o, peor aún, sujeto a las necesidades personales o políticas de quien administra los trabajos. El resultado, con total seguridad, sería un desastre.
Sin embargo, esto es exactamente lo que ocurre con nuestras ciudades. No tienen proyecto. Y las consecuencias están a la vista de todos.
Ladrillos no hacen un edificio; lotes y calles no hacen una ciudad
Existe una confusión peligrosa en la gestión del territorio que debemos desarmar:
- En la arquitectura: Acumular ladrillos y materiales de construcción en un terreno no garantiza la existencia de un proyecto edilicio.
- En el urbanismo: Del mismo modo, la acumulación de parcelas y la simple apertura de calles en el territorio no garantizan un proyecto urbano.
Hacer urbanismo real implica saber leer el territorio y reconocer su vocación de uso natural. Significa atender las demandas de la ciudad preexistente, identificar cómo aspiran a vivir sus habitantes y definir con precisión cuál es el resultado esperado a corto, mediano y largo plazo.
El síndrome del pez en el agua
Dicen que el pez es el último en enterarse de la existencia del mar. Tal vez eso nos esté pasando en estos tiempos: habitamos la crisis urbana sin verla. Por eso es vital hablar de urbanismo, pensar, debatir e imaginar el futuro en clave de planificación.
En términos estructurales, a nuestras administraciones les faltan herramientas críticas:
- Diagnósticos reales sobre la situación urbana actual.
- Propuestas de diseño urbano con identidad local.
- Modos de integración y transformación consciente de la naturaleza.
- Debates abiertos sobre el paisaje urbano que nos gustaría construir.
- Modelos de movilidad eficientes, asociados a criterios de diseño claros.
No es posible imaginar un futuro viable para nuestro entorno sin contar con una perspectiva urbanística seria. Por eso, en nuestras ciudades patagónicas —pero especialmente en aquellas que van creciendo sin un rumbo certero— el urbanismo ya no es una opción de fondo: es una urgencia impostergable.
