En conversación con el contador Walter Gómez, en Patagonia Economía y Negocios (FM Patagonia. Puerto Madryn), el CEO de Bagués, Martín Troncha, se refirió al inicio de la empresa familiar en el garage de su casa, cómo es emprender en Argentina, y como se transformó en una fábrica productora de fragancias, con clientes nacionales e internacionales: «Mi papá se quedó sin trabajo en el año 86 y un amigo, Osvaldo, le dice que se dedicaba a hacer fragancias, le dice, bueno, mirá Luis, yo te puedo ofrecer lo mismo que hago yo, que es hacer fragancias, y él ahí le encantó, (…) nosotros empezamos de la nada, de hecho yo viví toda esa etapa siendo niño, y nosotros fabricábamos los perfumes en el garaje de casa, sin ningún laboratorio; (…) mi papá de día vendía productos y de noche, cuando llegaba, porque nosotros vivíamos al día con esto, se dedicaba a fabricarlos; (…) al principio empezó en el garage y después en el altillo de casa, para que vos te hagas una idea Walter para poder ingresar al altillo y no molestarnos mientras dormíamos, él subía por una escalerita, iba al altillo y ahí hacía todos los productos o sea todo muy artesanal, se empezó de cero.»
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«La realidad es que hemos atravesado todas las crisis. Tengo que contar una historia concreta. Nosotros arrancamos haciendo perfumes inicialmente, pero al muy poco tiempo de hacer perfumes, mi padre incursionó también en todo lo que es la cosmética. Y a partir de estas crisis que acabas de mencionar vos, tuvo que tomar la decisión, como muchas veces tiene que tomar la decisión un emprendedor, (…) y la tuvo que discontinuar al poco tiempo, porque si no se achicaba y se enfocaba en lo que él consideraba que era en ese momento su fuerte que eran las fragancias, desaparecía la empresa; (…) esto está bueno mencionar que a veces no es solamente ir para adelante, a veces hay que saber, como quien dice, recular, tomar decisiones, sacrificar algunos proyectos que nos parecen importantes pero en pos de mantener lo que nos parece el negocio más importante.»
«Nosotros en un momento dijimos, tenemos que tener una planta en un lugar que sea de ensueño, y yo le dije, puede ser San Luis, que hay promoción industrial justamente. Y agarramos el auto con mi papá, un 405 me acuerdo, en el año 2002. No conocíamos Merlo, llegamos a 5 kilómetros antes, una localidad que se llama Cerro de Oro, y doblamos en una callecita de tierra que había ahí, de piedra, y vimos un predio con una especie de fábrica abandonada, y apenas llegamos, lo vimos y dijimos, este es el lugar. Llegamos a Merlo para reservarlo. Y así fue. Y desde ese momento estamos en Merlo con la planta de producción, no teníamos planta hasta ese momento. Alquilábamos depósitos. Para que vos te des una idea también de que hasta el 2002, lo que costó poder llegar y crecer. Lo que muestra que cualquier emprendimiento no se construye de un día para otro.»





