Las ciudades del mundo desarrollado se planifican. Esto significa que sus habitantes tienen la capacidad de imaginar su futuro y establecer las estrategias de desarrollo para alcanzarlo en un tiempo determinado. En cambio, las otras –las del mundo subdesarrollado- crecen a impulsos aislados, fortuitos, contradictorios, caprichosos, inconscientes de sus consecuencias, sin rumbo cierto.
La diferencia entre unos y otros se mide en calidad de vida y oportunidades de desarrollo para sus habitantes. Claro que aquellas planificadas lo pueden medir y apreciar en su justa medida.
Las otras lo ignoran y a veces creen que un slogan publicitario puede reemplazar los parámetros de calidad de la vida real.





