Por Arquitecto Carlos Sanabra para www.candelariopatagonia.com
Si algo ha caracterizado a Madryn en los últimos 25 años, es que su crecimiento ha sido desordenado, condicionado por decisiones públicas y privadas inconexas, con una legislación urbana inapropiada y sin una mirada integral de la ciudad y mucho menos con una visión de ciudad futura.
La consecuencia –entre otras- fue la aparición sin solución de continuidad de nuevas partes de la ciudad al margen de las reglas urbanas establecidas. Así aparecen aquí, allá y más allá ocupaciones de tierras espontaneas, conexiones clandestinas a los servicios básicos y la acción del estado que en general no va más lejos que adjudicar lotes sociales de tamaños menores a los permitidos y en muchos casos sin la cobertura mínima de servicios, por lo tanto no resuelve la cuestión. Por el contrario contribuye a incrementarlo.
Esa ocupación irracional y prepotente de tierras impide su mejor aprovechamiento, restringiendo las oportunidades para un desarrollo racional y planificado, pero al mismo tiempo multiplicando los problemas urbanos ya que suman las complicaciones propias de las ocupaciones ilegales, tanto para sus habitantes como para la propia ciudad. En otras palabras, perdemos todos.





