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ARQ. SANABRA: De nombres y lugares

Por Arquitecto Carlos Sanabra para www. candelariopatagonia.com

Hay nombres que surgen sin conocer lo que se quiere nombrar: Puerto Madryn, por ejemplo.

Así llamaron en Gales los colonos al lugar donde iban a desembarcar en Patagonia.

Cuando llegaron conocieron un lugar que ellos ya habían nombrado.

Otros lugares tienen el nombre que les viene dado por la manera en que nos lo presenta la naturaleza: Punta Cuevas, la Playa del Cerro Avanzado o el Doradillo son buenos ejemplos de nombres que nadie impuso y que perduran en el tiempo.

Algunos de esos nombres que identificaban lugares muy reconocidos del viejo Madryn se han perdido: quien se acuerda hoy del paraje “La Farola” o de la “Playa de las Piedras” o del “Circuito San Miguel”. La ciudad que hemos construido y seguimos construyendo (bien o mal) los ha desaparecido.

Pero en realidad no han desaparecido. Siguen allí, donde siempre han estado, lo que cambia es que los madrynenses los hemos dejado de ver.

En cambio hemos creado nuevos lugares de gran significación social imposibles de ignorar en el cotidiano uso que hacemos de nuestra ciudad: el Monumento a la mujer galesa y el Monumento al indio tehuelche son dos lugares cuyo nombres no surgen de la naturaleza del lugar sino de una carga de significado que los madrynenses le hemos otorgado. Ocurre lo mismo con la rambla, la plaza, el muelle.

Son lugares imprescindibles para organizar nuestra vida de todos los días y cuyos nombres surgen del uso corriente del vecino madrynense: la galesa, el indio, la rambla, el muelle piedra Buena, la plaza, el Chalet Pujol.

Nombrar un lugar es una forma de apropiarse de él, de incorporarlo en la historia del lugar y en la de cada uno de nosotros que hemos vivido alguna experiencia de vida en ellos. Esos nombres no surgen de una ordenanza o de  una imposición. Emergen de la vida social de una Comunidad y esa vinculación del lugar con su nombre es esencial para lograr identidad, sentido de pertenencia. Cuando los nombramos afirmamos que esos lugares nos importan.

Pero por otra parte, para que la ciudad funcione se necesita reconocer sus calles y lugares públicos y para ello los identifica de alguna manera. En algunas casos con números, en otras se ayudan con la orientación cardinal, pero en la mayoría de las ciudades –y en la nuestra también- asignando nombres de personalidades de la historia local o nacional, con la intención de reconocer sus acciones, ideas y valores.

A diferencia de aquellos, estos nacen como nombre asignado y luego con el transcurrir del tiempo el nombre comienza a asumir una significación social independiente del nombre.

Sin embargo, siempre hay detrás de la elección una carga de contenido y de identidad, de cómo y por qué nos gustaría que nos reconocieran.

Y luego el interrogante ¿Por qué ese nombre y no otro?

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