Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Las regiones ambientales no se limitan por una línea precisa, exacta, rectilínea. No es como un alambrado o una medianera que separa una propiedad de la del vecino, o como el cordón cuneta que determina exactamente lo que es vereda de lo que es calzada.
Tampoco es una línea trazada azarosamente en un plano (aunque ese plano este aprobado por una ordenanza aprobada por aclamación y con acuerdo unánime de los concejales)
Las regiones ambientales son dinámicas y tienen su propia lógica de evolución de acuerdo a una serie de condiciones naturales y otras generadas por el hombre. Cuando 2 regiones ambientales vecinas claramente definidas –como puede ser el mar y el territorio- se vinculan, aparece una región interfase donde tienen lugar una serie de características influidas por ambas regiones.
Este es el caso de nuestra playa o mejor dicho la región ambiental costera que se extiende en esa interfase y que cuando se analiza en el frente marítimo de la ciudad se manifiestan características propias de las condiciones naturales (viento, sedimentos arrastrados por las lluvias, la corrientes marinas de deriva litoral de sedimentos finos, las zonas de acumulación de arena, las zonas de erosión por efecto del mar, o por el viento o por la lluvia).
Todas ellas están en permanente interacción, y también con otras condiciones generadas por la acción del hombre. En nuestro caso por los propios madrynenses.
Las primeras construcciones en la playa de Madryn fueron construidas elevadas sobre la arena con sistemas constructivos que podían fácilmente ser desmontados. Esas dos características permitían que no se entorpeciera el natural desplazamiento de la arena producto de la condición natural del viento y una facilidad para crecer y desmontar que permitía ajustar la finalidad de la construcción a las cambiantes demandas de los usuarios.
Además permitían que las eventuales mareas extraordinarias puedan pasar por debajo de tales construcciones sin generar ni conflictos con la naturaleza ni conflictos por los daños que pudieran generarse en las propias construcciones.
El Balneario Argentino -construido en 1916 y desarmado en 1924- que ilustra esta nota de opinión es un buen ejemplo.
Hoy resultan un obstáculo al libre movimiento de la arena en la playa, lo cual genera importantes modificación negativas en esa interfase mar – territorio.
Disminuyen el volumen del movimiento natural de la arena, lo cual contribuye a la perdida de arena del sistema ambiental y se encuentran en permanente riesgo frente al avance del mar por mareas extraordinarias o por el incremento de la altura del mar como consecuencia de vientos fuertes del cuadrante Sureste – Noreste.
La realidad nos indica que a pesar de varios intentos de planificar el frente costero para atender estas y otras cuestiones urbanísticas de ese lugar tan valioso de nuestra ciudad, hasta el día de la fecha hemos fracasado.
La prueba del fracaso es la ausencia de un Plan para nuestro frente costero y el evidente uso precario y caótico de las playas al sur (Playa Kaiser y Paraná).





