Vemos la paja en el ojo ajeno, y no vemos la viga en el nuestro.
Refrán popular tomado de una cita bíblica.
Por Arquitecto Carlos Sanabra.
Quien llega a Madryn desde la nunca acabada Doble Trocha lo recibe un pequeño bajo que se transita lentamente porque hay un control policial y se está ingresando a la zona urbana de la ciudad.
Apenas se supera ese increíble lugar de bienvenida, nos espera un espejo de agua burbujeante y aceitosa que aun con tiempo seco y bajo el sol del verano no mengua en su tamaño. Se alimenta desde el pie de barda, cruza la ruta y se bifurca a ambos lados de una Avenida que han llamado del Trabajo hasta desaparecer en una rotonda cercana.
Subterráneamente y escondida en los pluviales escurre hasta aparecer en la playa al pie de la plazoleta que recuerda la gesta de Malvinas. Allí permanentemente, día y noche, verano e invierno aporta su suculento caudal a nuestro Golfo Nuevo. Unos metros más al sur, casi en coincidencia con el muelle de cruceros tiene una hermanita menor pero no menos persistente





