Cuando se sustituye el futuro por el presente
Por Arquitecto carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Gobernar supone una mirada hacia el futuro, un horizonte al que se quiere alcanzar. Pero en la vida cotidiana en nuestras ciudades el futuro fue sustituido por un permanente presente con apariencia de futuro feliz, indefinido e indeterminado. En verdad ese futuro nunca estuvo ni siquiera en la preocupación de los funcionarios de turno.
Por eso es que cuando los funcionarios de turno en nuestras ciudades se refieren al futuro lo hacen en términos muy vagos y generales, evitando comprometer acciones concretas y tiempos específicos. Más aun, en muchos casos la responsabilidad del futuro se presenta como condicionada a la acción de otros funcionarios o estamentos del estado, de manera que soslayar la responsabilidad propia en la construcción de ese futuro incierto.
Afirma Santiago Kovdaloff en su libro La nueva ignorancia que “La aptitud circunstancial para vencer en unas elecciones basta,…para presumir que se reúnen los atributos indispensables para gobernar… y en el origen de este malentendido atroz entronca la sustitución perversa del futuro por el presente… el éxito con que la astucia para parecer, reemplaza a lo que no se puede ni se sabe ser”
Con el mismo sentido y preocupación el escritor Mario Vargas Llosas afirmo “la enfermedad de nuestro tiempo “es la de una cultura en la que la verdad es menos importante que la apariencia, en la que representar es la mejor (acaso la única) manera de ser y de vivir. La ficción ha pasado a sustituir a la realidad…
Hay quienes creen que en estos tiempos esa enfermedad nos ha inundado de tal manera que ha contaminado desde las prácticas deportivas hasta las gestiones de gobierno de nuestras ciudades.
En este contexto la inversión sana resulta desalentada y el debate político se reduce a un permanente cruce de chicanas políticas para embarrar al rival o ensalzar al jefe político, donde la verdad brilla por su ausencia y la apariencia es la reina del carnaval. El futuro de la Comunidad es de sus habitantes. Asumámoslo y no permitamos que se sustituya por ningún presente, por mas deslumbrante que resulte.





