Es mejor reconocer incapacidad real que presumir solvencia ficticia.
Por Arquitecto Carlos Sanabra para www.candelariopatagonia.com
En la medida que transcurre el tiempo, los servicios públicos de nuestras ciudades incrementan su déficit y sus servicios van deteriorándose paulatinamente. Me refiero a los servicios de agua, cloacas y energía eléctrica.
Está claro que el modelo que viene funcionando desde hace unos 40 o 50 años no se encuentra a la altura de las demandas de nuestras ciudades. Mucho menos en aquellas ciudades que tienen una importante tasa de crecimiento poblacional.
También está claro que las empresas cooperativas que han recibido la concesión del servicio de agua, cloacas y energía eléctrica no tienen la capacidad empresarial, técnica y económica para hacer los proyectos y las inversiones que se requieren para recuperar el atraso en infraestructura y al mismo tiempo proyectar y programar las obras necesarias para las demandas futuras.
Tampoco los municipios en su carácter de poder concedente tienen la capacidad técnica y económica para afrontar ese desafío. Hasta ahora esta situación se viene disimulando bajo una supuesta solvencia que -se argumenta- no puede manifestarse simplemente porque desde el poder central no se le envían los dineros para hacer la obras necesarias que cambiaran esta situación.
Pero a esta altura de los acontecimientos (y de los innumerables inconvenientes e incapacidades emergentes) resulta claro que la situación requiere otra manera de ser analizada, concebida y resuelta. Especialmente en estos tiempos donde el mundo se ha vuelto mucho más cercano y el desarrollo tecnológico ofrece variadas alternativas de solución y nuestras ciudades –individualmente o en conjunto- ofrecen un mercado de usuarios interesante.
Tal vez resulte hora de reconocer nuestra propia incapacidad como primer paso para avanzar en una solución que brinde tranquilidad y seguridad a la población actual y a quienes piensen desarrollos futuros.





