CANDELARIO + PATAGONIA

ARQ. CARLOS SANABRA: «Alguna vez ocurrió en Madryn.»

Que son las ciudades

«En otras épocas existieron reglas de comportamiento social no escritas pero de estricto cumplimiento, caso contrario caía sobre el “infractor” una de las peores condenas: la condena social.

Recuerdo por ejemplo, que en Madryn de antaño cada vecino debía construir la medianera sur y la oeste. De esa manera los terrenos se iban cercando y cada quien sabía que parte del cerco medianero le correspondía hacer. Por supuesto que aquel que no cumplía era señalado como como infractor y los propios vecinos le hacían ver su falta –al infractor y a toda su familia-. No era necesario ni multa ni policía. Funcionaba una especie de autocontrol vecinal.

Por supuesto que en esos años si alguien llegaba a tener un ladrón en la familia, la vergüenza era tal que se evitaba salir a la calle. No faltaron casos de personas que frente a esa “desgracia” prefirieron irse del pueblo para escapar a esa condena social.

Por entonces era natural que para el vecino la ciudad fuera una extensión de su casa, por lo tanto lavar diariamente la vereda, regar, podar y cuidar los árboles de la calle y si fuera posible agregar algunas flores en los canteros era parte de la reglas de cualquier vecino. La plaza era lugar de encuentro y el estado de la plaza era tema central de conversación. El placero era una personalidad del pueblo.

Cada uno o dos años se pintaban los frentes de los edificios. También en éste tema era señalado el “infractor” que no pintaba su casa. El lucimiento de la ciudad no era solo una cuestión de estética urbana para atraer visitantes. Reflejaba el compromiso de los habitantes con su ciudad y con ellos mismos, por lo tanto había una cuestión moral involucrada: si la ciudad está sucia y deslucida, nosotros somos los sucios y deslucidos porque la ciudad nos refleja. Más aún, en muchas ciudades se premiaban los mejores frentes y jardines de las viviendas.

También ocurrió alguna vez en Madryn.«

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