Por Arquitecto Carlos Sanabra.
Nos recuerda el filósofo Umberto Eco que el periodista no tiene el deber de la objetividad, sino el de ofrecer un testimonio haciendo explícito lo que piensa. Debe advertir al lector que lo que dice no es la verdad, sino su verdad, una entre otras posibles.
Por lo tanto, la objetividad periodística es un mito. Un diario hace interpretación no sólo cuando mezcla un comentario con una noticia, sino también cuando elige cómo poner en página el artículo, cómo titularlo, cómo acompañarlo de fotografías, cómo conectarlo con otro artículo que habla de otro hecho; y sobre todo un diario hace interpretación cuando decide qué noticias dar (y que noticias ocultar).
Afirma Umberto Eco que no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta. Para él, la función del cuarto poder es controlar y criticar a los otros poderes tradicionales, pero puede hacerlo sólo porque su crítica no tiene funciones represivas.
Los medios –dice– pueden influir en la vida política de un país solamente creando opinión. Los periódicos no son un órgano al servicio del público, sino un instrumento de formación del público.
Umberto Eco fue un crítico implacable de las redes sociales, que permiten que la opinión de los necios tenga la misma relevancia que la de un premio Nobel.
Son –dijo– un instrumento peligroso porque no permiten identificar a quien habla. Puso en duda que haya mejorado el periodismo porque es más fácil encontrar mentiras en Internet que en una agencia como Reuters.
Ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública. Uno de los fenómenos negativos asociado a la importancia de las redes sociales es la extensión del síndrome del complot. “El complot nos consuela. Nos dice que no es culpa nuestra. Que algún otro organizó todo. Hay complots por todas partes. Están basados en fantasías y son falsos’’
Por todo esto que dice Umberto Eco, desde Candelario expresamos honestamente nuestra opinión y la respaldamos con nuestro nombre y apellido.





