Por Arquitecto Carlos Sanabra.
¿Se dio cuenta que existe un parecido entre las palabras país, paisano y paisaje?
Ello es así porque desde el origen etimológico de esas palabras se reconoce una vinculación directa entre un lugar (país), sus habitantes (los paisanos de ese país) y el paisaje, o mejor dicho su paisaje, ya que éste se va construyendo al mismo tiempo que se habita un lugar y constituye la forma más “natural” de hacer cultura (en tanto y en cuanto cultura es todo lo que hace el hombre).
Puede ser que, luego de años de habitar y construir el paisaje, éste se convierta en un recurso turístico, como ocurre con muchos de los hermosos lugares del mundo, desde Venecia a la isla de Chiloé o los campos de tulipanes en Trevelin.
Pero de ninguna manera se puede considerar paisaje simplemente a una porción de territorio donde está vedada la intervención del hombre.
Tal vez este equívoco se origina en el slogan “turismo de naturaleza” y la tan repetida afirmación de “nosotros vendemos naturaleza”, que tiende a suponer que quienes habitamos este lugar estamos aquí solamente para llevar adelante una vida contemplativa, excepto claro está, para brindarle servicios al visitante.
¡Ojala podamos superar prontamente tan torpe prejuicio!





