Por Arquitecto Carlos Sanabra para www.candelariopatagonia.com
Si bien nuestros dirigentes y funcionarios políticos se empeñan en señalar cotidianamente en los medios de comunicación tradicionales los avances en nuestras ciudades, inaugurando obras o difundiendo alentadoras buenas noticias, desde una visión más desapasionada nuestras ciudades patagónicas tienen -en términos generales- un retroceso, especialmente con respecto a su infraestructura.
En su concepto más amplio, abarca desde el sistema vial hasta la prestación de los servicios básicos de agua, energía eléctrica, gas y cloacas, incluyendo además la calidad de los espacios verdes y de recreación de uso púbico.
Lamentablemente, debido a la ausencia de un plan de futuro consensuado entre el sector público y privado, nuestras ciudades continúan creciendo a impulsos espasmódicos de inversiones en ambos sectores que no reconocen un plan general de futuro para la ciudad.
La situación recuerda a Alicia en el país de las maravillas cuando perdida en el bosque consulta cual es el camino correcto, pero como no sabe a dónde quiere ir, la respuesta que recibe es que no importa el camino que tome, cualquiera es igual de incierto.
Como consecuencia de la ausencia de un plan de futuro para nuestras ciudades, la legislación urbana vigente resulta anacrónica y caprichosa. Contenida en vetustos códigos de planeamiento y construcción constituyen un serio obstáculo para la inversión en nuestras ciudades, situación que se agrava aún más por la irracional maraña burocrática de las tramitaciones para construir que debe enfrentar cualquier vecino respetuoso de las normativas vigentes.
Como una segunda consecuencia no deseada de tal situación, resulta que se alienta la construcción de la ciudad de manera informal, es decir al margen de la legislación urbana, lo cual se refleja no solo en asentamientos y enganchados en los servicios sino también en sectores ya consolidados.
Así, el vecino desarrollador queda atrapado entre un legislación urbana complicada y anacrónica o la tentación de desarrollar al margen de la ley en un contexto donde quienes tienen responsabilidad de cambiar esta situación, no lo hacen.





