Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Desde hace por lo menos unos 25 años la empresa con aspecto de cooperativa que tiene en nuestra ciudad la concesión de los servicios públicos de agua, cloaca y energía eléctrica se encuentra sin capacidad para brindar el servicio que la comunidad le demanda.
La ciudad ha crecido y la infraestructura no.
Ni el poder concedente y ni el concesionario han podido acompañar el desarrollo de la ciudad, que dicen es la segunda del país en tasa de incremento de población.
Tal vez por aquella vieja verdad que reza que las obras de infraestructuras no se ven y por lo tanto los políticos -que tienen que rendir examen cada 2 años frente a su electorado- prefieren otras inversiones más vistosas, más deslumbrantes, con más emoción, descalificando de esa manera la capacidad de entendimiento del electorado mientras barren debajo de la alfombra las cuestiones urbanas de fondo, entre ellas la infraestructura.
Pues, que necesita la “factibilidad” del servicio, eufemismo que significa que el privado debe hacer a su costo y cargo las obras de infraestructura que requiere y que Servicoop no tiene, más algunas obras agregadas a criterio y discreción de la empresa concesionaria.
Una vez ejecutadas a su entera conformidad, se las debe entregar gratuitamente para que le venda el servicio al privado que la ejecuto y al mismo tiempo lo utilice para vender su servicio a otros clientes. En ocasiones además le pide dinero.
Es como si usted va a comprar un kilo de churrasco y el carnicero le pide que le compre la sierra circular para cortarla y una vez que usted se la instala, le vende el kilo de churrasco, a usted y otros clientes.
Medio raro, no le parece. Pero créame, completamente real. Si el privado no acepta, no puede llevar adelante su emprendimiento.
Porque además la empresa con aspecto de cooperativa tiene el monopolio del servicio.
¿Cómo llamaríamos a este comportamiento? ¿Extorsión?
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