Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
No es posible responder seriamente esa pregunta sin antes conocer para qué es ese lote. ¿Será para ubicar un edificio donde vivirán 10, 20 o 30 familias? ¿O una sola familia? ¿Y qué costumbres tendrá esa familia? ¿Podrán tener además de su casa un huerto y un jardín? ¿O será para un taller mecánico? ¿O será para un supermercado? ¿O para un depósito?
Para cada caso el tamaño ideal de un lote urbano es diferente. Tampoco es posible responder seriamente esa pregunta sin antes conocer el lugar donde se van a implantar esos lotes. No es lo mismo generar lotes en el borde superior de una barda que al pie de la barda o sobre un cañadón, o frente al mar.
También importan sus orientaciones cardinales y sus vistas panorámicas, así como el paisaje urbano que se pretende generar en el futuro y su vinculación con el resto de la ciudad. Veamos un buen ejemplo local.
Para el ingeniero Allan Lea autor en el año 1906 del trazado urbano de la ciudad de Puerto Madryn, el tamaño ideal de lote urbano fue de 1.000 M2 para lotes en esquinas con frentes de 20 metros y 750 M2 para los restantes con frentes de 15 metros.
Este tamaño permitió que pudieran desarrollarse usos comerciales, de servicios y residenciales para las demandas de la ciudad durante más de 60 años. Dispuso los lotes evitando que las fachadas estuvieran enfrentadas, pero… para todos los lotes con frente al mar cambió el criterio y orientó todas las fachadas con vistas al mar.
Ahora bien, el trazado no puede entenderse sin considerar una enorme porción de tierra destinada al ferrocarril, el puerto y las actividades asociadas a la manipulación de cargas.
Es decir, Allan Lea presentó una cantidad de lotes urbanos y una superficie proporcional destinada a usos laborales y económicos que le daba sustentabilidad económica a las familias que habitarían las parcelas de su trazado.
Una cosa no puede entenderse sin la otra.
Para el prestigioso arquitecto y urbanista argentino Eduardo Sacriste el tamaño y la proporción de los lotes urbanos son elementos claves que definen la calidad de la vivienda y su relación con la ciudad.
Afirmaba que el diseño (urbano y arquitectónico) debe surgir de las características del terreno, adaptándose a pendientes o irregularidades en lugar de imponer formas rígidas que se repiten indiscriminadamente.
También opinaba que el tamaño de las parcelas urbanas debía ser proporcional a la cantidad de personas que la iban a ocupar. Así es que no se oponía a edificios multifamiliares en altura. Simplemente decía que debían tener un lote más grande.
Pero nos hemos mal acostumbrado a aceptar como normal -y con leyes que lo respaldan- el lote mal llamado social (como si los otros no lo fueran) mínimo, sin proyecto urbano, ubicado en algún retazo de territorio, intentado generar la mayor cantidad de lotes, de bajo valor económico.
Generalmente con servicios incompletos que se reproduce con el visto bueno oficial, en la periferia de las ciudades sin solución de continuidad.
Todos iguales compactando el territorio, sin importar quiénes lo van a habitar ni atender las características del lugar donde se implantan, configurando situaciones jurídicas de gran inseguridad donde se mezclan adjudicaciones con ocupaciones ilegales y venta de mejoras informales que contribuyen al desorden urbano.
Definir el tamaño de un lote urbano NO debe ser el resultado de la simple partición del suelo en la mayor cantidad de unidades posibles.
Se necesita de estudios más profundos y comprometidos del lugar de implantación, de la gente que la va a habitar y del tipo de ciudad que se va a generar.





