ARQ. SANABRA: Un plan urbano, ¿es un viaje?
La analogía de planificar un viaje con planificar una ciudad puede ser muy esclarecedora, especialmente en tiempos donde reina mucha confusión generada por prejuicios variados, discursos demagógicos, intereses sectoriales y políticos.
Aunque parezca obvio, planificar un viaje supone tener en claro el destino hacia donde se quiere ir. Cuando se pretende planificar una ciudad -total o parcialmente- también es necesario tener en claro adonde se quiere ir. Y esto no parece ser tan obvio para muchos que opinan irresponsablemente sobre planes urbanos sin tener idea a donde se quiere llegar.
Otra obviedad es que en ambos casos también es necesario saber dónde se está parado, es decir en qué situación se encuentra para iniciar el camino hacia el destino que se quiere alcanzar. Nadie desconoce dónde está parado cuando se planifica un viaje. Pero cuando se planifica una ciudad, ¿sabemos realmente dónde estamos parados, en que situación para iniciar el camino?
Por eso es que para la disciplina urbanística el primer paso para elaborar cualquier plan urbano es analizar la ciudad para conocer su situación actual desde diferentes perspectivas: social, económica, territorial, medio ambiental, de movilidad y accesibilidad. Por supuesto, también en materia de infraestructura y equipamiento urbano.
En la práctica ello supone una recopilación de datos demográficos, ambientales, económicos, de consumos y deshechos de la ciudad y al mismo tiempo, un análisis de las aspiraciones y necesidades de sus habitantes.
La interpretación de tales datos genera un diagnóstico preciso de la situación en la que se encuentra la ciudad para iniciar el viaje hacia el destino que pretende alcanzar.
Ahora la cuestión es ¿A dónde se quiere ir? ¿Cuál es el destino que se pretende alcanzar? Cuando uno va a viajar parece ridículo no saber adónde ir. Lo mismo ocurre con un Plan Urbano. Resulta ridículo no saber adónde ir. Pero, ¿sabemos a dónde queremos ir?
En el caso de los planes urbanos, definir una visión concreta de la ciudad es definir el destino. Por eso es tan importante tener una visión de ciudad futura, al cual aspiran llegar sus habitantes.
Entonces el panorama se aclara. Como en el caso de un viaje, conocido el destino es posible calcular los recursos necesarios, el tiempo a invertir, los medios para el traslado, distribuir las responsabilidades entre los viajeros, programar las etapas, estudiar alternativas de recorridos, etc.
Del mismo modo con los planes urbanos. Conocido el destino, es posible formular estrategias, objetivos y propósitos para programar en el tiempo las acciones necesarias, los medios a utilizar, las alternativas más convenientes, establecer las responsabilidades que asume cada sector y en función de ellas elaborar las propuestas concretas para alcanzar en el tiempo aquella visión de ciudad futura.
Con ese panorama claro, entonces será necesario orientar el rumbo con un nuevo ordenamiento de uso del suelo, del tránsito y transporte, de los espacios públicos. Elaborar los proyectos y programar las inversiones. Todo encaminado para alcanzar el lugar que se pretende.
Ahora imaginemos nuestra situación. Estamos parados en un punto de un camino que no reconocemos muy bien, en un colectivo completo de madrynenses viajando, ¿A dónde?…
