ARQ. SANABRA: El monstruo que pisa fuerte
El camino más corto entre dos puntos es una recta…y el más largo es la burocracia.
Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Tomando la frase de la famosa canción que inmortalizo León Gieco y Mercedes Sosa como título de esta nota, se intenta con ella graficar el enorme daño que genera la maraña de tramitaciones innecesarias a los que se ve sometido en su vida cotidiana el vecino común que quiere ejercer libremente su iniciativa para construir su vida social y económica ajustada a la ley.
Tanto sea para construir su vivienda como para ejercer una actividad económica licita le pedirán: un certificado de libre deuda, constancia de dominio de su propiedad, la factibilidad eléctrica, la factibilidad de agua, la de cloaca, la de gas, el certificado de numeración domiciliaria, el permiso de conexión, el estudio del impacto ambiental, el informe de bomberos, el certificado de antecedentes, el permiso de ocupación de la calzada, el permiso de apertura de vereda.
También el permiso de ocupación de vereda, el certificados de habilitación comercial, de habilitación profesional, de venta e inscripción de venta, de denuncia de venta, la declaración jurada mensual, la declaración jurada anual, entre otros que los vecinos están obligados a gestionar para desarrollar una actividad lícita en la ciudad. Por supuesto para cada uno de estos requisitos el monstruo grande que pisa le va a cobrar unos valores discrecionales que aun aprobados por ordenanzas–le aseguro- no están justificados.
El trámite puede durar meses y aún años. Mientras tanto el vecino está obligado a inmovilizar su actividad o a desarrollarla en situación precaria y/o ilegal. En esa trama burocrática el vecino es obligado a “trabajar” de cadete de la administración pública peregrinando de una oficina a otra, de un edificio a otro y en ocasiones a dirigirse a otras ciudades para conseguir el “papel” que le pidieron para continuar con su trámite, sin tener muy en claro cuando termina, porque en muchos casos la finalización queda a criterio del empleado encargado del trámite ya que la legislación no está clara ni unificada, por lo tanto el empleado debe “interpretar” el expediente para concluir el trámite.
La mayor paradoja, es que buena parte de esa información que se le pide al vecino ya existe en el Municipio –sino no podría emitir y cobrar los impuestos inmobiliarios y de automotor- y la información restante la obtendrían fácilmente si unificaran la base de datos con otros organismos que intervienen en la tramitación. Pero esa sencilla reflexión no tiene lugar para el monstruo que pisa fuerte, porque el monstruo… no piensa.
El vecino tiene un sentido de urgencia para concluir su trámite, pero… el empleado no tiene ninguna urgencia. El resultado es contundente: los días pasan, el vecino maltratado por el monstruo de la burocracia queda a la espera con más incertidumbre que certezas y sus inversiones quedan congeladas. Mientras tanto los responsables políticos –quienes sí podrían y sí deberían destruir al monstruo que pisa fuerte- miran para otro lado. Tal vez esperando quecon la paciencia agotada, el vecino se acerque a pedirle el favor de interceder para terminar su trámite.
Pero como si esto fuera poco, el monstruo de la burocracia se agiganta cuando el vecino encuentra que su caso no está contemplado en la maraña de leyes y procedimientos. Entonces la situación se agrava y necesita una “excepción a la ordenanza” para poder concretar su iniciativa. En ese caso, el trámite comienza a recorrer el resbaladizo camino de la interpretación legal y la sanción de una ordenanza de excepción. Aquí generalmente pasan meses sin definición. El vecino tendrá que dar explicaciones a los concejales y estos pedirán opinión a los asesores legales del monstruo que pisa fuerte.
Muy probablemente el expediente luego de pasar por el Concejo Deliberante para ordenar la “excepción” será girado al Tribunal de Faltas, quien le impondrá una multa que no se puede discutir, porque le dirán que si se opone y quiere ejercer su derecho de defensa, la multa le sale el doble. Conclusión: El chantaje funciona: el vecino paga y vuelve al mostrador donde inició el trámite a esperar varios días –a veces varias semanas- que llegue el expediente para que le autoricen a concretar su iniciativa. Con suerte aquí termina su peregrinar, siempre y cuando el empleado de turno que recibe el manoseado expediente no encuentra algún otro nuevo impedimento.
Obviamente, esta situación genera costos –tiempo perdido, lucro cesante más los costos propios que le imponen en cada paso del trámite para el vecino, mientras que para la administración municipal significa más empleados, papelería innecesaria, tiempo perdido del empleado municipal, gastos improductivos de variados tipos, etc- que genera el monstruo que pisa fuerte sobre las propias espaldas del vecino contribuyente, lo cual constituye otro maltrato más para con el vecino que sencillamente quiere llevar adelante su iniciativa ajustado a la ley.
Mientras tanto, muchos otros vecinos observan como actúa el monstruo que pisa fuerte y deciden esquivarlo para vivir sin preocupaciones…sin ajustarse a la ley.
