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ARQ. SANABRA: La Naturaleza se escribe y se lee siendo paisaje

Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com

Me complace compartir con ustedes algunas ideas de Ana Valero, jurista y autora literaria de cuentos, sobre el paisaje en estos y en otros tiempos. Su significado y trascendencia.

Nos recuerda Ana Valero que el término medio ambiente (conjunto de condiciones que influyen en el desarrollo y actividad de los organismos) y sus variantes propagandísticas públicas o privadas vinculan actitudes personales a intencionalidades políticas mediante la calificación de obras e incluso de palabras correctas o incorrectas según criterio institucional o publicitario.

De pronto, medio ambiente – algo bastante más amplio que la idea de paisaje- invade la mayor parte del campo semántico de «Naturaleza» y cobra una inusitada importancia. Tanto las instancias oficiales como el ecologismo responden a la crisis medioambiental y sus versiones más «creyentes» parecen capaces de convertir la «ecología» en «ecolatría».

Pero nos advierte que no se lee el medio ambiente sino un paisaje, no se describe el impacto medioambiental sino la aridez de un suelo abrasado ni se enumera los efectos de la lluvia en primavera sino que se contemplan árboles y arbustos florecidos. La Naturaleza se escribe y se lee siendo paisaje, un paisaje donde quien escribe sitúa al narrador. El paisaje -al igual que la noción de Naturaleza- es una cierta manera de percibir el medio desde determinados códigos estéticos y conceptuales propios de cada cultura. Tanto física como simbólicamente el paisaje no puede separarse de quien lo construye y observa pues cada cultura posee una determinada percepción afectiva de su entorno. Es por eso que las palabras país, paisaje y paisano tienen la misma raíz etimológica.

La lectura de paisajes vividos por escritores de otras culturas y de tiempos pasados empuja al lector -un lector que no sólo busque la identificación inmediata- a viajes que partían desde el desconocimiento. La descripción del desierto sin haber pisado la arena ni ojeado un suplemento dedicado al Sahara, la narración de una tormenta en el Atlántico sin haber sido aventurero ni visto películas oceánicas o la variación de la luz sobre un mismo árbol sin impaciencia ni cortes publicitarios son lecturas imposibles pero empujan al lector a viajes donde olvida imágenes filmadas y se sorprende, o sin olvido admira la descripción de quien contempló en otro tiempo un paisaje y escribió.

Recuperemos esta idea de paisaje, no olvidemos que en su registro estamos volcando una parte importante de nuestra vida y pasado. No olvidemos que el paisaje nos incluye, siempre.

Ahí está. Ahí estamos.

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