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ARQ. SANABRA: Ecociudades ¿o ciudades pintadas de ecología?

Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com

En un mundo donde el cambio climático, los nuevos modos de vida y el crecimiento caótico de nuestras ciudades, exigen respuestas reales y concretas, las llamadas ecociudades emergen como un modelo posible (y deseable) de solución.

Pero, mucho cuidado con caer en la trampa de los ecologistas que disfrazan causas nobles como la ecología y el cuidado del medio ambiente con discursos de ocasión y posiciones extremistas para simplemente defender su mezquino interés particular.

En las ecociudades se busca el progreso humano transformando conscientemente el ambiente, identificando y preservando aquellas características estructurales del medio ambiente, reduciendo los niveles de contaminación y el consumo energético mientras promueven un desarrollo sostenible concreto y medible.

En las ciudades pintadas de ecología abundan las afirmaciones y frases demagógicas, que buscan exaltar la emoción pero no ofrecen argumentos racionales sustentados en la demostración técnica y científica. Su ideal de preservación del ambiente es no tocarlo. Consideran que la naturaleza es sabia y el hombre solo un depredador.

Las ecociudades avanzan a través de políticas innovadoras, utilizando las herramientas que provee el avance tecnológico, con nuevas ideas para la organización del territorio y los servicios, midiendo permanentemente con indicadores reales y concretos las modificaciones que producen su funcionamiento.

En las ciudades pintadas de ecología no se mide nada, porque se corre el riesgo de obtener resultados contrarios a las afirmaciones que sostienen sus prejuicios. Entonces tampoco trascienden nuevas ideas y se repiten y repiten cada vez con más emoción los mismos viejos argumentos (el agua vale más que el oro, el doradillo no se toca, etc.). Eso sí, están muy atentos a señalar con el dedo a aquel que se atreve a pensar distinto o intenta poner en duda sus viejos argumentos.

Sus objetivos son relatos, su legislación es declamatoria, sus posiciones son intransigentes. El debate se clausura. Seducen los grandes títulos “somos patrimonio de la humanidad” y no dudan en aplicarlo sobre cualquier cuestión que pueda poner en riesgo su parcela de poder.

En cambio, en las ecociudades la perspectiva es multidimensional. Sus objetivos buscan aplacar los efectos del cambio climático y al mismo tiempo garantizar una mejor calidad de vida para sus habitantes, abordando seriamente problemas tales como la contaminación del aire, el acceso a los espacios verdes y atendiendo los nuevos modos de vida de la gente.

Para todo ello genera legislaciones apropiadas, transparentes, con calidad técnica y profesional que fundamentan tales objetivos. Desarrollan sistemas que miden permanentemente los avances o retrocesos en el cumplimiento de tales objetivos.

Buscan adaptarse a las demandas sociales y ambientales mediante la planificación y el uso de recursos sostenibles. Desde edificios energéticamente eficientes hasta sistemas de transporte que reducen las emisiones de carbono.

En las ciudades pintadas de ecología, impedir la inversión y el desarrollo resulta su objetivo fundamental sin importar razones técnicas o científicas porque al ser humano se lo considera como un simple depredador.

En las ecociudades se busca orientar y facilitar las inversiones y el desarrollo hacia una transformación consciente del ambiente de la cual los seres humanos somos parte y podemos aportar nuestra creatividad e inteligencia para su mejoramiento.

No tengo duda que la mayoría de nuestras ciudades están pintadas de ecología.

El desafío es transformarlas en ecociudades.

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