Por Arquitecto Carlos Sanabra (www.candelariopatagonia.com)
Hace unos 400 años escribió Shakespeare:…”Que son las ciudades sino sus habitantes”… ¡Que genial y simple manera de afirmar que las ciudades son la consecuencia de lo que hacen sus habitantes!
En los años 60 Madryn era destacada por sus calles asfaltadas, amplias, limpias, iluminada con luces de mercurio. Por su plaza de canteros cuidados y con flores. Por su rambla despejada, con música al mediodía y en los atardeceres. El paseo peatonal era todo el año por la rambla y hasta la punta del muelle. Algunas familias utilizaban el auto en la media tarde para ir a tomar mate a la playa las piedras por el camino de la costa que llegaba hasta la farola.
Después de la celebración del centenario de la colonización galesa y con la ubicación del monumento al Indio Tehuelche sobre la Punta Cuevas, tuvo que abrirse el camino para llegar allí, lo cual cambio la costumbre del paseo en automóvil, que ahora se orientó al sur, siempre con la presencia cercana y permanente de la playa y el Golfo apareciendo y desapareciendo entre dunas de arena.
Esta ciudad es la que habían hecho posible los madrynenses de antaño.
Hace unos 60 o 70 años afirmó Jean Paul Sartre:… “Lo que -sin duda- diferencia al hombre del resto de las especies vivientes, es su capacidad de pensar el futuro y ajustar su comportamiento para alcanzarlo”.
Lejanos en el tiempo y el espacio pero cercanos y certeros con sus ideas, Shakespeare y Sartre nos permiten decir sin dudar que Madryn es la consecuencia de nuestras acciones y que tenemos la oportunidad de pensar una ciudad ideal para un modo ideal de vivir y proyectar el camino para alcanzarlo.





