Por Arquitecto Carlos Sanabra para www.candelariopatagonia.com
Durante muchos años, en las charlas ofrecidas desde el Centro de Estudios Históricos y Sociales a estudiantes de distintos niveles y a la Comunidad en general, se afirmaba que Madryn fue la puerta de entrada del mundo a la meseta patagónica.
Ello fue así porque bienes elaborados y personas de todo el mundo que tenían como destino el interior patagónico, llegaban a estas regiones por barco y desde nuestro muelle se internaban luego hacia el Oeste.
Decía Julia de Castro, que el inmigrante con vocación de pionero de principios del siglo pasado llegaba desde el Este con la mirada puesta en el Oeste como una obsesión, porque el Oeste era sinónimo de riqueza, de progreso y prosperidad.
Y ese Oeste es -ni más ni menos- que nuestra Meseta.
Así se tejió una amplia red de relaciones económicas, comerciales y sociales a lo largo del tiempo entre la Meseta y Madryn, que consolidó la actual organización territorial de la meseta cuya columna vertebral fue –y es- el camino de los carros –hoy la ruta provincial 4- y sus nudos de intercambio generaron los actuales asentamientos de Sierra Chata, Telsen, Gan Gan, Sacanana, Gastre, Paso del Sapo, Colán Conhué, Fofo Cahuel, Esquel, Trevelin, Leleque, Cushamen, Ñorquinco y Cholila.
Pero el esfuerzo de los pioneros no fue suficiente. La actividad económica en la meseta fue declinando paulatinamente, los pobladores comenzaron un lento proceso de éxodo y el brazo extendido de Madryn a la Meseta perdió la fuerza inicial.
Todavía la meseta es sinónimo de riqueza. También para los desprejuiciados –tal como eran aquellos pioneros que tenían la mirada puesta en el Oeste como una obsesión- es sinónimo de progreso y prosperidad.
Pero, ¿Madryn mira a la Meseta? Yo creo que no.
¡¡Qué pena. Estábamos tan cerca…y ahora estamos tan lejos!!





