ARQ. SANABRA: El Medioambiente politicamente correcto
Por Arquitecto Carlos Sanabra para www.candelariopatagonia.com
Javier Marías afirma que “la mejor manera de desvalorizar y destruir una palabra es repetirla hasta la saciedad y abusar de ella; la segunda mejor manera es su apropiación por parte de quienes no creen en ella, su consiguiente rebajamiento, su inexorable envilecimiento. La palabra medio ambiente es repetida, abusada y propiedad no de científicos, románticos y prácticos activistas sino de instituciones y mercados que la han vaciado y envilecido.” (Javier Marías. VIDA DEL FANTASMA. Madrid, El país Aguilar, 1995)
Ya es un lugar común en nuestros días asociar el término medio ambiente a sentencias propagandísticas tales como: Ahorre agua; seleccione las basuras; consuma productos ecológicos; conservemos la naturaleza, protejamos el medio ambiente, piensa en verde, sé natural; reduce el impacto medioambiental, cuida la capa de ozono, usa el transporte público; ve a recibir las ballenas, entre tantas otras similares.
En realidad el concepto de medio ambiente alude a un conjunto de condiciones y relaciones que influyen en el desarrollo y actividad de los organismos vinculados con su entorno. Pero en su uso cotidiano y habitual esta reducido por miles de variantes propagandísticas públicas y/o privadas que buscan calificar las obras y acciones de las personas a valoraciones sin matices de correcto o incorrecto según su criterio publicitario que –obviamente- tiene un claro sesgo interesado cancelando cualquier cuestionamiento de su valoración y creencias. Así la ecología se transforma en eco latría.
Como nos recuerda la jurista y autora de cuentos española Ana Valero en la revista Contrastes, esa tendencia ya ha avanzado incluso modificando cuentos tradicionales donde el cazador es un guardabosque y la casa de la abuela no es de madera sino de un material ecológico novedoso. En ese orden de ideas un político puede ser corrupto pero debe ser ferviente defensor del medio ambiente, un asesino puede ser tal pero debe ser vegetariano y regar puntualmente sus plantas en el balcón. Todos estos personajes alimentan la idea que todos podemos ser interpretados y censurados con esa mezquina vara político medioambiental y ser señalados y tachados de incorrectos.
Este fundamentalismo también ha infectado a gran parte del mundo de la política, especialmente aquellos con tendencias al corporativismo y la demagogia. Entonces encontramos estos mezquinos criterios “correctos” políticos medioambientales en una cada vez mayor cantidad de leyes y ordenanzas que obligan e imponen restricciones delirantes.
Pero el concepto de medio ambiente es algo bastante más amplio y profundo que la idea de naturaleza o paisaje.
En cambio, el paisaje -al igual que la noción de Naturaleza- es una manera de percibir el medio desde determinados códigos estéticos y conceptuales propios de cada cultura. Tanto física como simbólicamente el paisaje no puede separarse de quien lo construye y observa. Al mismo tiempo no hay que olvidar que la definición del paisaje se configura partiendo de la carga de las miradas anteriores (lo contado, lo escrito, lo pintado, lo fotografiado, lo filmado) y de la mirada de quien lo habita, lo usa y lo contempla en un momento determinado de la historia. Por tanto, no se lo puede considerar más que dependiente del uso, la percepción y el sentimiento de cada cultura.
Los invito a reflexionar para revalorizar la real y profunda noción de medio ambiente. Descubramos los abusos que se hacen en nombre de ella y a quienes se la han apropiado y con qué fines. Desarmemos la escenografía “políticamente correcta” que se ha armado con ella mediante mentiras y medias verdades.
