¿Cómo los tratamos en nuestras ciudades?
Por Arquitecto Carlos Sanabra para candelariopatagonia.com
Quiero compartir con ustedes algunas ideas de Francesco Tonucci, también conocido por el pseudónimo «Frato», pensador, psicopedagogo y dibujante italiano, quien es autor de numerosos libros sobre la relación de los niños y la ciudad.
Dice Tonucci: “Antes teníamos miedo del bosque. Era el bosque del lobo, del ogro, de la oscuridad. Era el lugar donde podíamos perdernos. Cuando nuestros abuelos nos contaban cuentos, el bosque era el lugar preferido para ocultar trampas, enemigos, angustias…”
“En cambio, nos sentíamos seguros entre las casas, en la ciudad, entre los vecinos. Era éste el lugar donde buscábamos a nuestros compañeros y nos encontrábamos para jugar juntos. Allí cada uno ocupaba su sitio, allí nos escondíamos, allí organizábamos la pandilla, para jugar a las visitas, para enterrar el tesoro. Era el sitio donde construíamos los juguetes, según modalidades y destrezas tomadas de los adultos y aprovechando los recursos que el medio ofrecía. Era nuestro mundo…”
La ciudad ya no tiene habitantes, ya no tiene personas que viven sus calles, sus espacios: el centro es un lugar para trabajar, comprar, ir a la oficina, pero no para vivir allí; la periferia es el lugar donde no se vive, sólo se duerme… La ciudad ha perdido su vida. La ciudad se ha convertido en el bosque de nuestros cuentos…”
En nuestros días dice Tonucci, “Lo importante es que el ciudadano que vota quede satisfecho y lo sea en el breve período del mandato electoral. Los tiempos de los políticos son breves, deben superar exámenes cada cuatro años; los proyectos a largo plazo no dan resultados inmediatos, no traen votos.”
“Los parques de juego son todos iguales porque representan un estereotipo: la presencia de toboganes, columpios y calesitas garantizan que el adulto progenitor se dé fácilmente cuenta de que el adulto administrador ha utilizado el dinero público para construir un servicio para su hijo. Que finalmente a los niños no les guste tiene muy poca importancia.”
A veces nuestras ciudades aparecen torpes e ingratas para con actores claves de nuestras comunidades, especialmente niños y adultos mayores.





