ARQ. SANABRA: El paisaje urbano no importa
El paisaje urbano es la piel de la ciudad; las acciones urbanas son fundamentales ya que son las que revitalizan el paisaje, refuerzan su identidad, realzan el patrimonio y, a la vez, elevan la calidad de vida de la población.
Pero el paisaje urbano no surge ni de la naturaleza ni por la acción del gobierno municipal de turno. Es el resultado cotidiano y sostenido en el tiempo de la acción de sus habitantes. La cuestión central radica en que las miles y miles de acciones diarias de esos vecinos pueden tener una orientación hacia una finalidad determinada o ser completamente anárquicos.
Según opinan varios especialistas, las ciudades necesitan primero desarrollarse como proyecto de sus ciudadanos y recién cuando se consolida un proyecto común de ciudad, es cuando emerge la preocupación por el paisaje y entonces surge la orientación que necesitan los vecinos para guiar sus acciones diarias.
Es por ello que afirman que cuando el paisaje urbano no importa; es por qué no hay proyecto de ciudad.
Lo definen como aquel espacio múltiple y dinámico que se genera entre edificios, equipamientos y elementos físicos de la ciudad a lo cual hay que sumar aquellos otros componentes del medio natural, enriquecidos por su adaptación a las necesidades de los habitantes de la ciudad.
Por lo tanto, no solo importan los espacios colectivos públicos y privados que conforman la ciudad, sino –y fundamentalmente- como sus habitantes usan y se relación en esos espacios.
Es en ese paisaje urbano donde convergen lo que construyen sus habitantes, con lo que construyen los sectores públicos y con los espacios naturales que paulatinamente se van transformando. Pero, fundamentalmente es allí donde las personas se reconocen como ciudadanos, donde forjan su identidad y construyen su idiosincrasia. Según como se lo trate resultara más elevada su calidad de vida.
Pero la ausencia de un proyecto de ciudad claro para sus habitantes, genera uno de los grandes problemas que tienen que enfrentar muchas de nuestras ciudades patagónicas y es que sus habitantes no ven en la ciudad un proyecto que los incluya para construir su futuro y por lo tanto dejan de reconocerla como propia.
La consecuencia puede observarse fácilmente en sus múltiples maltratos para con la ciudad, expresado en la proliferación de minibasurales, actos de vandalismo en espacios públicos, ocupaciones ilegales, crecimiento de la inseguridad…en fin, un avance de la precarización de la vida urbana.
Si se observa con atención, en el origen de la situación descripta se encuentra con la ausencia de un proyecto de ciudad y como natural consecuencia una falta de preocupación por el paisaje urbano al que se lo considera como irrelevante.
